lunes, 7 de octubre de 2019

Nuevos comienzos




"Todos tenemos dos mentes: una mente despierta y una mente dormida. Nuestra mente despierta es la que piensa, habla y razona. Pero la mente dormida es más poderosa. Ella ve en lo más profundo de las cosas. Es la parte de nosotros que sueña. Lo que recuerda todo. Nos proporciona intuición. Tu mente despierta no entiende la naturaleza de los nombres. Pero tu mente dormida sí. Ella ya sabe muchas cosas que tu mente despierta ignora".

(Patrick Rothfuss, El nombre del viento)


¡Buenos días, querida lectora o querido lector!
Hoy, después de tres años, retomo este espacio. Estuve pensando en otras opciones, sin embargo, creo que volver aquí en este momento de mi vida es especial.
Especial porque hace una semana comencé a ser profesora en la asignatura Aprendizaje y Desarrollo de la Personalidad en el Máster en Formación del Profesorado y de alguna manera quería rendir tributo a aquel tiempo en el que estuve sentada en sillas como las que puedes ver en la imagen. 

¿Sabes? ¡Ni por el asomo hubiese pensado por aquel tiempo en que estaría en este preciso momento escribiendo esto! Por entonces, comenzaba los lunes con ganas de "empaparme", de aprender para poder ser una buena orientadora porque ese era mi deseo cuando estaba estudiando el grado en pedagogía.
Recuerdo el empeño que ponía y las ganas de poder adentrarme en ella... Así que, este Máster iba a ser especial... Y lo acabó siendo, pero porque fue más allá de la Orientación Educativa en sí.
Lo único que esperaba era poder seguir las clases, aprender nuevos conceptos, asentar mis cimientos para poder trabajar algún día en institutos de secundaria... Y así fue. No obstante, sería de una forma totalmente diferente a la que había estado acostumbrada hasta entonces.


Lo cierto es, que en la mayoría de asignaturas trabajábamos distintas líneas relacionadas con la Orientación, con sus orígenes, con sus áreas de intervención... Nada que no hubiese trabajado antes en mayor o menor medida. Cuadernos o diarios de aprendizaje por aquí y por allá... Lecturas... Unas más llevaderas que otras, unos cuadernos de aprendizaje hechos con más cariño que otros, participaciones diarias...
La cuestión para mi, querida lectora o querido lector, es que en esa mayor parte de asignaturas estaba trabajando como venía haciéndolo en la carrera. No había demasiadas diferencias, más allá de la ratio de alumnas y alumnos en el aula, en asignaturas de especialidad (no sucedía lo mismo con las comunes).
Aunque, a veces suceden cosas que superan y/o desafían fervientemente nuestras expectativas. Que modifican cualquier idea o representación sobre algo. La frase "Cuando crees conocer todas las respuestas, llega el universo y te cambia las preguntas" se hacía realidad... Más que por el universo, porque hubieron dos o tres asignaturas que modificaron la regla sobresalientemente.
Asignaturas en las que se trabajaba lo que y como no se suele trabajar y en las que se expresaba lo que no o como se suele expresar.
Eran diferentes, sentía incertidumbre, incomodidad... Pero también algo de mí, tal vez mi mente dormida, sabía que estaba yendo bien. Lo único que sabía es que quería aprender, y no me importaba si eso suponía desafiar cualquier estructura previa o cualquier emoción que me desestabilizase.
Así que la mejor opción que veía ante eso era dejarme llevar y trabajar. Viajar hasta el centro de mí misma hasta cuando no sabía qué narices estaba sucediendo.


Pensar, escribir, contactar con mi propia experiencia y con mis emociones, escribir, hacer tachones, participar, intercambiar perspectivas... Era el día a día. Y aunque no sabía qué carajo estaba haciendo, me gustaba.
Lo que pasó después, te lo contaré más adelante. Solo puedo decirte que me cambió la vida y muchas de las creencias que tenía sobre ella.
El lunes pasado comencé mi docencia este curso. Me sentía nerviosa y a su vez, ilusionada. Volvía a una asignatura especial para mi, y esta vez siendo profesora.
Durante este verano tuve sueños sobre lo que serían esas clases. En ellos, estaban mis alumnas y mis alumnos, estaba el espacio en el que solemos encontrarnos ahora cada lunes y estaba yo con mis emociones, con mis miedos. Miedos que forman parte de esto de ser profesora, y que también me hablan desde lo más profundo.
Para mi sorpresa, el lunes pasado, sí, sentí miedo, nervios, incertidumbre... Estuvieron ahí junto a mi ilusión, junto a mis ganas de conocer a mis alumnos y alumnas y de comenzar a trabajar en este encuentro tan especial cada semana.

Soy docente en dos grupos: A primera hora Lengua e Inglés y a última Orientación y Artes.
Pude comenzar a notar en las tres horas que estuve con ellas y con ellos. Notar sus expresiones de sorpresa al inicio, en el primer grupo; y cierto cansancio en el segundo grupo. Nos conocimos todas con todos (algo que eché de menos cuando fui alumna, ya que no pude conocer a muchos y a muchas de mis compañeros de otras especialidades...) y tuvimos la oportunidad de hacerlo, pese a que el espacio no nos permite demasiada movilidad.
Comencé a notar cómo se comenzaron a gestionar los primeros grupos (dejé que ellos y ellas se organizasen) y la incertidumbre de que no te den pautas predeterminadas. La pregunta estrella fue, ¿Cómo nos vas a evaluar? seguida de, ¡Tendremos que saberlo!.


Lectora, ¿Sabes cuál fue mi respuesta? Déjate llevar y llévate. Llevémonos.
Me gustó el primer encuentro y hubo momentos en los que sigo pensando. Desde aquí, si alguna o alguno me lee, agradezco vuestra participación, y que tuvieseis la confianza de compartir vuestras experiencias.


Hoy seguiremos con nuestra propia artesanía, trabajando con nuestras mentes dormidas y despiertas.





No hay comentarios:

Publicar un comentario