viernes, 25 de octubre de 2019
Más allá de un texto
“¿Cuál es la pauta que conecta a todas las criaturas vivientes? ¿Qué pauta conecta al cangrejo con la langosta y a la orquídea con el narciso, y a los cuatro conmigo? ¿Y a mí contigo? ¿Y a nosotros seis con la ameba, en una dirección…?" (En "Mente y naturaleza" de Bateson, 1979, p. 18)
Buenos días, lectora o lector,
Tengo que decirte que estaba deseando tener tiempo y un espacio tranquilo en el que escribir esta entrada.
Ha sido una semana intensa, en la que he tenido mucho movimiento, físico y mental, así que, hoy, ¡Por fin!, puedo dedicarme a contarte cómo percibí la sesión del lunes en la asignatura Aprendizaje y Desarrollo de la Personalidad.
Fue una sesión intensa y compleja... De esas sesiones sobre las que cada día generas nuevas conexiones. De hecho, antes de comenzar a escribir por aquí, he ido recogiendo ideas en el lugar en el que me fuesen surgiendo... Ya fuese un cuaderno o cualquier otra herramienta que me facilitase ir añadiendo todo aquello que me iba surgiendo sobre la pasada sesión.
Hemos comenzado a adentrarnos en temas en los que el sentido de esta asignatura podría hacerse más visible. Estos versan acerca de aprendizaje y psicología y sobre las tradiciones que han estado y siguen presentes detrás de nuestra práctica docente.
Para ello, quise utilizar el texto que en su día, Alejandro, nos sugirió leer en su asignatura. Recuerdo mi primer contacto con este documento... Era un domingo por la noche en el que me encontraba preparando los quehaceres para las sesiones del lunes... Que si presentaciones por aquí y por allá... Que si búsqueda de legislación... Y en una de esas, que por casualidad, abrí el correo.
En el, Alejandro (a ciertas horas) nos invitaba a leer este texto de cara al día siguiente.
Eran las tantas y otra tarea añadida para el día siguiente... ¡Qué locura!
Descargué el texto y lo dejé en tareas pendientes para la mañana del lunes. Comencé, eso sí, a echarle un vistazo, una hojeada rápida, a identificar los primeros conceptos con los que ya había tenido contacto durante el grado. La mayoría me resultaban familiares... Al igual que sus autores. Por ello, decidí leerlo en profundidad a la mañana siguiente. Probablemente, si no hubiese conectado anteriormente con ellos, me habría ido a dormir más tarde.
Aquel lunes por la mañana, cuando abrí de nuevo el documento, pensé en que existía la posibilidad de que no me diese tiempo a finalizar la lectura de cara a la sesión de la tarde. Noté que estar, en cierto sentido, condicionada por la hora, no me estaba favoreciendo en la reciente relación que había iniciado.
Decidí tomármelo con calma y hacer una lectura rápida. Señalé con un lápiz aquellos párrafos sobre los que experimentaba mayores dificultades en comprensión... Aquellos que no había logrado conectar conmigo misma. Esto último me hacía sentir agobiada.
En unas horas, creí que no me iba a alcanzar el tiempo, que no iba a poder completar la lectura, así que lo único que podía tener seguro es que este sería el segundo contacto con aquel escrito de muchos otros.
¿Quieres saber que sucedió en la sesión de aquel lunes? Únicamente te diré que cuando Alejandro nos preguntó sobre si nos habíamos leído el texto o no... Nos levantamos cuatro o cinco personas a lo sumo... (Sí, me dio tiempo a leérmelo).
Lo que ocurrió después... Ya te lo iré contando.
Cuando supe que iba a ser docente de esta asignatura, paré a rememorar todo aquello que me pareció significativo. Aquello que relaciono con lo que sé ahora y que por aquel momento pululaba por mi mente de forma difusa.
Era la primera vez, que una asignatura, un profesor nos dejaba crear, generar nuestras propias ideas sin límite alguno, sin pautas predeterminadas.
La magia de cada sesión, para mí, consistía en que no sabía exactamente su finalidad. Lo único que sabía era que todas y cada una de ellas, dejaban un poso en mí.
Cuando finalizaban, escuchaba comentarios de mis compañeros, del tipo: "Es que no nos dice si está bien o mal", "¡Qué desorganización de asignatura!" "Esto... ¿Para qué me sirve?", "No veo su utilidad", "No veo que esté relacionada con el contenido".
Es curioso, porque a día de hoy, este tipo de comentarios siguen presentes en algunas de mis alumnos y alumnas. Ya sea a través de lo que me comentan en el cuestionario o de manera fortuita, durante el desarrollo de las sesiones.
Comentarios que relaciono con esas concepciones implícitas, con un legado del que todavía no llegamos a ser conscientes...
Dejando a un lado este asunto (o no), te contaré cual fue el planteamiento que tuve en consideración a la hora de decidir llevar a cabo esta sesión.
Y es que, hace algo más de un año, tuve la oportunidad de observar como docente a Alejandro en la asignatura "Educational Psychology" que pertenece al grado de Educación Primaria Bilingüe en la UAH.
Fue mi primer contacto con docencia universitaria y una experiencia de la que aún me encuentro recogiendo sus frutos.
En los meses que estuve presente en aquellas sesiones me dí cuenta de que uno de los motivos que podían estar influyendo, en mayor o menor medida, en la forma de dar sentido a la asignatura era precisamente algo que, a veces, nos podría parecer obvio, como es el simple acto de leer.
Observé que algunas cuestiones que iban surgiendo durante el transcurso de las sesiones estaban relacionadas con la forma en la que nuestros alumnos se relacionaban con el propio texto. Y es que, a veces, tenemos ciertas ideas, creencias que se dan por hecho. Asunciones que difícilmente se cuestionan... Y esta era una de ellas.
Tendemos a cuantificar procesos educativos sin considerar realmente su complejidad, sin atender a la importancia de otros aspectos que forman parte de ellos y que van más allá del propio contenido en sí. Puedo decir que en aquellas sesiones y en estas, por ejemplo, que no nos estemos centrando en el contenido del texto, explícitamente, no implica que no lo estemos trabajando.
Teniendo este asunto en mente, relacionando mi experiencia en aquella asignatura del grado, mi experiencia como alumna y algunas ideas que fueron surgiendo en una tutoría... Surgió la idea de lo que trabajamos el pasado lunes en Aprendizaje y Desarrollo de la Personalidad... ¿Cómo leemos?
El miércoles anterior a la sesión, les envié a mis alumnos, a través del aula virtual, el texto con el que trabajamos en esta sesión. Para ello, les invité a relacionarse con el texto antes de la sesión... Ello llevaba implícita la cuestión de que podían leerlo (o no leerlo) en el lugar que eligiesen, en el momento que les apeteciese...
Por otro lado, de cara a la sesión, recogí algunas preguntas que podían ser significativas a la hora de comprender y conocer mejor qué nos ocurre cuando leemos... Y decidí plasmarlas en un par de diapositivas...
Llegó la primera sesión del lunes y una de las primeras preguntas que les hice a mis alumnos estaba relacionada con la lectura que les había sugerido días atrás... Sobre ello, había contemplado varias hipótesis:
- Una primera es que todas se lo hubiesen leído.
- La segunda podría ser, que al igual que sucedió cuando era alumna o en la asignatura del grado, se lo hubiesen leído unas pocas personas.
- La tercera, que aunque lo hubieran leído, no hubiesen conectado con el contenido del texto. O, que por el contrario, sí.
También tuve en consideración que si planteaba la actividad, aquellas personas que se habían tomado la molestia de contactar con el texto antes de la sesión, sintiesen que aquello no les había servido (algo que me confirma algún que otro comentario y que también relaciono con esta cuestión de las concepciones implícitas entre otras...).
Esto era factible que ocurriera si aquellas personas creían que con una única lectura (o con varias en el lugar y momento que eligiesen) iba a serles suficiente. Esta asunción dejaría de la lado la idea de relacionarnos con el texto considerando su lectura en otro tipo de contexto que no nos resultase tan cómodo (o que sí, quién sabe)... Si me estáis leyendo, os invito a pensar sobre ello...
No fue una sesión fácil ni cómoda en ambos grupos.
Atender a los procesos que se activan en nosotros mientras leemos, no es sencillo. Requiere centrar nuestra atención teniendo en cuenta todo aquello que sucede en nuestra mente durante esos instantes. Y claro, los estímulos ambientales y que formarían parte del propio contexto, también podrían haber estado haciendo de las suyas...
En el primer grupo, dado que eran las 16:00 de la tarde, teníamos que atender a cómo estábamos, a qué aspectos podían estar favoreciendo o no, nuestro propio proceso de lectura... Y cómo podrían estar incidiendo (o no).
Durante 30 minutos, y mientras mis alumnas se relacionaban con el texto podía apreciar el modo en el que cada una de ellas estaba atendiendo a la tarea que había sugerido... Mientras leían (o no) me dediqué a observarlas. A observar gestos (algunas expresiones hablaban por sí mismas), a notar tonos de voz, volumen, intensidad... Noté cómo se estaban relacionando con aquel texto, en aquellos instantes.
Si algo me está gustando especialmente de esta experiencia es precisamente esto de notar. Notar, tanto en ellas como en mí, incertidumbre, sigilo, angustia, asunciones, notar cómo se van generando conexiones... Sonrisas, quejas, distracciones, expectación...
Expectación por no saber lo que vendrá... Por conectar esa pauta que conecta al cangrejo con la langosta...
Lector, pude notar que también otra de las cuestiones que afectaban al propio proceso era el tiempo y el espacio... Ruidos, despistes, somnolencia... Llevar a cabo aquello al calor humano y al de la propia calefacción... Podía, para algunas, estar interfiriendo en esa relación con el texto (que podía estar dándose o no...)
Desde luego, podría no ser lo mismo leer en el aula 4 o en el aula 1 del aulario María de Guzmán que en otros sitios o con más tiempo... Supongo que si la relación se hubiese fraguado con más tiempo podrían haberse generado otro tipo de conexiones... Podrían haberse apreciado diferentes matices (o no...).
Tras esos 30 minutos, en grupos aleatorios, discutieron acerca de aquellos aspectos que había facilitado u obstaculizado su proceso de lectura (más allá del tiempo o del espacio). Me pareció curioso cómo lo que les ayudó a algunas personas en ese proceso, les había obstaculizado a otras. También... Cómo, a la hora de dar sentido al texto, unos se apoyaban en elementos más visuales como mapas mentales... Y otros priorizaban en otro tipo de elementos (estructura del texto, complejidad de las palabras...). Un alumno, por ejemplo, señaló que había experimentado dificultades a la hora de leer un texto como aquel, en español... Cuando él estaba acostumbrado a leer en otra lengua.
Diferencias sutiles que, a veces, podrían no ser tan sutiles... Mecanismos internos que entran en juego de forma distinta... Y bueno, qué decir del contexto...
Este texto tuvo sentido en ese momento, para aquel o aquella persona que se dispuso a relacionarse con él... ¿Cuál es la pauta o las pautas que conectan a mis alumnos con un texto? ¿Cómo procesamos información? ¿Qué tenemos en cuenta o qué no? ¿Cómo se trabaja un contenido sin atenderlo de forma explícita?
En aquella sesión hubo conversaciones acerca de esto, entre ellos. Conversaciones sobre nuestro tema en las que algunos notaron diferencias...
Lectora, lector... Fue una clase intensa, sin embargo, creo que mereció la pena. Para mis alumnas puede que también o que ahora no sea el momento y que conecten más tarde... En otro momento de sus vidas... Incluso de un modo diferente... O cabría la posibilidad de que esas conexiones no se llegasen a generar...
Bateson, G. (1979). Mente y naturaleza. Barcelona: Amorrortú.
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