viernes, 1 de noviembre de 2019

¿Cuál es el sentido de todo esto?

El estanque de los nenúfares - Claude Monet

Buenos días, lectora o lector,

Otra semana más estoy por aquí, deseando contarte mis impresiones sobre el desarrollo de nuestra asignatura.
Esta semana hemos tenido una sesión que para mí supuso un hito como alumna y que quería compartir con las que ahora son mis alumnas. En su día, recuerdo que no fue una actividad sencilla, ya que tuvimos en poco tiempo que decidir asuntos como qué enseñar (algo que supiésemos, algo que supiésemos de nuestra especialidad y algo desconocido), cómo, para qué, a quiénes... En esta tarea estábamos acompañados por uno de los subgrupos de artes.
Recuerdo compartir alguna que otra impresión... En general, nos sentíamos perdidos, confusos... El tiempo y el espacio podrían haber sido un obstáculo en cuanto a improvisación... Nos mirábamos desorientados (y eso que éramos de orientación...).
Llegamos a un acuerdo socorrido en relación a los temas que íbamos a enseñar. Primero, haríamos una actividad con papiroflexia, luego, trataríamos con nuestros alumnos/profes de artes temas relacionados con atención a la diversidad y para finalizar... Bueno... Para finalizar, ya veríamos...
Durante el transcurso de la actividad, no sabía muy bien porqué, pero no me estaba sintiendo cómoda. No sabía si era por los temas o por el modo de plantearlos... Lo que sí sabía es que había algo que resonaba en mí, que me generaba ideas contrapuestas desde ambas perspectivas (como alumna y como docente). 
Esto se hizo más evidente cuando llegamos a la tercera actividad: enseña algo que no sabes... ¿Cómo carajo se enseñaba algo que no sabíamos? ¿Cómo lo hacíamos si estábamos en la misma posición que nuestros alumnos? Teníamos varias opciones: inventarnos un tema y fingir que lo sabíamos, ver vídeos en internet o buscar información sobre algo y replicar lo que se hacía en esos vídeos o memorizar esa información, lo que significaba que también teníamos que fingir teniendo de base un vídeo o un texto, otra opción era rebuscar en nuestra memoria algo que no supiésemos e inventárnoslo. 
Cuando las estábamos discutiendo sentía cierta indignación, frustración... Es que, ¿Acaso podíamos enseñar algo que no supiésemos? En ese momento, se me pasó por la cabeza sugerirles a mis compañeras la idea de proponer algo que nos gustase a todos (incluidos mis compañeros del grupo de artes) y buscar información o algún tipo de recurso con el que poder aprender todos juntos.
La sugerencia no convenció, y terminamos inventándonos unas reglas de cricket ficticias. 
Salí ofuscada porque no noté demasiadas diferencias entre la forma de tratar esos contenidos y encima, para colmo, había tenido que ceder ante la idea de inventarnos algo que no sabíamos solo por el hecho de aparentar que sabíamos.
Después de esa sesión, seguía dándole vueltas al asunto. No sabía porqué motivo, pero si había algo que diferenciaba a esas clases del resto era que dejaban huella en mí. De alguna manera, sabía que estaba moviendo algo en mi mente, complejo de describir con palabras. 

El otro día, volví a trabajar esta sesión con mis alumnas. Y esta vez, de un modo diferente, puesto que serían ellas las que tomarían decisiones, las que harían y desharían en tres situaciones aparentemente distintas.
En este sentido, tuvieron disponibles materiales, espacios más allá del propio aula... Quería que se sintiesen libres para crear y que pudiesen tener contacto con personas cercanas o afines, que experimentasen sintiéndose cómodas. En algunos casos podría haber sido así o tal vez no... Al menos, tenía la hipótesis de que eso podía ayudar a realizar la actividad de otra manera.

Han pasado cuatro días desde la sesión y sigo dándole vueltas a lo que sucedió en ambos grupos, tanto en las diferencias que noté como en las semejanzas, que curiosamente, estas últimas fueron mayores. Actividades que aparentemente versaban sobre temas distintos al final no lo eran tanto en cuanto a forma y fue muy llamativo para mí.
Me preguntaba si serían conscientes de ello... Si notaban entre las tres situaciones... Veremos el lunes cómo fue.

Ahora me siento preocupada por asuntos que están de fondo y que podrían estar incidiendo en el sentido que mis alumnas le están dando a la asignatura.
Llevar a cabo este tipo de sesiones no es sencillo, sobre todo, por lo que esto implica. Dependiendo de la actitud, de la disposición que tengamos en esos momentos, el desarrollo de las mismas va a ser distinto.
Son sesiones que generan incomodidad, incertidumbre, inseguridad... Porque dependen de cada uno, porque no hay unas reglas establecidas, porque ellas son las que han de conducir sin gps. Y es difícil, sobre todo, por las tradiciones que están implícitas en nosotras mismas. Tradiciones que sin darnos cuenta, están ahí.
El miércoles, después de enviar la sesión del pasado lunes, comencé a recibir comentarios, y me llamó la atención que estos no fueron tanto en relación a la sesión del lunes, sino en cuanto al desarrollo de la propia asignatura.
Al leerlos, pude identificar varios asuntos de fondo: el primero, la percepción que están teniendo mis alumnas sobre el trabajo que conlleva la asignatura.
Ahí fui consciente de mi propia responsabilidad. De que estaban comprendiendo algo totalmente diferente a lo que pretendía. Desde el inicio de Aprendizaje y Desarrollo de la Personalidad, les propuse participar en espacios en los que compartir nuestras impresiones, sobre los que aportar ideas que fuesen al hilo de la asignatura. Espacios en los que dar sentido a lo que vamos haciendo en las sesiones... Espacios propuestos, recomendados, no obligados, no impuestos.
Para mí, escribir sin un motivo, es lo mismo que no hacerlo. O dicho de otro modo, escribir únicamente porque otros te dicen que tengas que hacerlo, por obligación, pierde la esencia en nuestro propio proceso.
Yo escribo esto, en este espacio, porque realmente me importa lo que estoy haciendo, hay algo que me mueve, que me lleva a estar aquí. Algo como es mi propia práctica, reflexionar sobre ella, y hacer partícipe a otras personas.
Si escribiese por escribir, no lo estaría haciendo de forma honesta y esto es algo que se nota. Al igual que notaba cómo algunos de mis alumnos estaban escribiendo por escribir, por rellenar espacios, por ser vistos.
En este punto, es en el que se hace visible nuestras propias concepciones implícitas acerca de los procesos de enseñanza y aprendizaje y que me hace conectar con las ideas que refleja en su libro Parker Palmer (1998) sobre profesores, alumnos y el legado que tenemos en nuestra manos:

"(...) Un maestro que hace poco más que transmitir conclusiones a sus alumnos. Supone que aquel tiene todo el conocimiento y estos, poco o ninguno; que el docente ha de dar y los estudiantes recibir; que el educador establece todos los criterios y los educandos han de estar a la altura: ambos, maestro y alumnos, reunidos en la misma aula, al mismo tiempo, no para experimentar la comunidad, sino simplemente para que el maestro repita lo mismo una y otra vez" (Versión Kindle)

En uno de los comentarios que recibí, una alumna o alumno, me invitaba a que les enseñase, a que les hablase sobre "cosas útiles" para su formación docente. Destaco esta frase:

"(...) preferimos una clase con materia, que nos descubra cosas nuevas, conceptos, aplicación de conceptos..."

Mi alumna considera que la asignatura no tiene "chicha", y me pregunto qué le lleva a pensarlo. Para mi se hizo visible ese legado, ese paradigma que llevamos dentro. Y esto no sólo sucede aquí... El otro día, en una sesión de doctorado, Alejandro decía que todos llevamos un positivista dentro... Y conecté, primero con mi propia investigación y después, cuando leí estos comentarios, conecté conmigo como profesora y con mis alumnas.
Esto no quiere decir que sea algo malo, ni bueno... Simplemente es algo que forma parte de nosotras, como herederas de un legado que está presente en nuestras vidas. En cualquier ámbito que se precie, en nuestro sistema de creencias.

Mis alumnas quieren transmisión de conceptos, teoría y práctica, trucos, estrategias que les sean "útiles" para su práctica educativa.  Quieren que les explique, que les cuente, que hable de esas teorías como si no tuviésemos materiales, como si no tuviésemos lecturas en las que profundizar. Y es que, lectora, esto sería infinitamente más sencillo, requeriría mucho menos tiempo en ellas y en mí... Concebir nuestro proceso de enseñanza-aprendizaje en términos cuantitativos, en dar y que ellas simplemente sean meras espectadoras esperando recibir palabras, conceptos... Como si fueran tábulas rasas en las que depositar ciertos contenidos a los que todas tenemos acceso, como si fuesen todas iguales.
¿Cuál sería nuestro papel entonces como docentes? ¿Qué sentido tiene que nos encontremos un día a la semana? La respuesta variará dependiendo de la concepción que una tenga sobre su propio proceso.
Y claro, si considero procesos en términos cuantitativos, ¿Qué sentido tiene hacer? ¿Qué sentido tiene reflexionar? Si lo que hago es opcional, si puedo hacerlo o no hacerlo, no lo hago. No se me premia, no se me refuerza.  Lo que puede significar varias cosas que podrían están relacionadas precisamente con lo que nos une en esta asignatura, ¿Por qué hago lo que hago? ¿Para qué hago lo que hago? ¿Qué aspectos tengo en cuenta en mi propio proceso de aprendizaje? Si lo hago porque se me exige una calificación para obtener un título que me permita ser docente, el sentido de lo que estamos haciendo es diferente...
Y, cuando llegue a serlo, ¿Qué haré? ¿Cómo trabajaré con mis alumnos? ¿Para qué? ¿Por qué?. Si aprender es recibir información y aplicarla, estamos atendiendo únicamente a una pequeña parcela del propio proceso. Estamos obviando cuestiones que van a influir en nuestro desarrollo como docentes y en el de nuestros alumnos.

Que no valore las aportaciones de mis alumnos en términos cuantitativos (cuantas más aportaciones más puntos) no implica que no lo tenga en cuenta en su proceso, pero no en términos de cantidad sino en calidad, en honestidad, compromiso, conciencia...

Seguiré escribiendo sobre ello. Es un camino lento, complejo, a la par que bello.

viernes, 25 de octubre de 2019

Más allá de un texto


“¿Cuál es la pauta que conecta a todas las criaturas vivientes?  ¿Qué pauta conecta al cangrejo con la langosta y a la orquídea con el narciso, y a los cuatro conmigo? ¿Y a mí contigo? ¿Y a nosotros seis con la ameba, en una dirección…?" (En "Mente y naturaleza" de Bateson, 1979, p. 18)



Buenos días, lectora o lector,

Tengo que decirte que estaba deseando tener tiempo y un espacio tranquilo en el que escribir esta entrada.
Ha sido una semana intensa, en la que he tenido mucho movimiento, físico y mental, así que, hoy, ¡Por fin!, puedo dedicarme a contarte cómo percibí la sesión del lunes en la asignatura Aprendizaje y Desarrollo de la Personalidad.

Fue una sesión intensa y compleja... De esas sesiones sobre las que cada día generas nuevas conexiones. De hecho, antes de comenzar a escribir por aquí, he ido recogiendo ideas en el lugar en el que me fuesen surgiendo... Ya fuese un cuaderno o cualquier otra herramienta que me facilitase ir añadiendo todo aquello que me iba surgiendo sobre la pasada sesión.
Hemos comenzado a adentrarnos en temas en los que el sentido de esta asignatura podría hacerse más visible. Estos versan acerca de aprendizaje y psicología y sobre las tradiciones que han estado y siguen presentes detrás de nuestra práctica docente.

Para ello, quise utilizar el texto que en su día, Alejandro, nos sugirió leer en su asignatura. Recuerdo mi primer contacto con este documento... Era un domingo por la noche en el que me encontraba preparando los quehaceres para las sesiones del lunes... Que si presentaciones por aquí y por allá... Que si búsqueda de legislación... Y en una de esas, que por casualidad, abrí el correo.
En el, Alejandro (a ciertas horas) nos invitaba a leer este texto de cara al día siguiente.
Eran las tantas y otra tarea añadida para el día siguiente... ¡Qué locura!
Descargué el texto y lo dejé en tareas pendientes para la mañana del lunes. Comencé, eso sí, a echarle un vistazo, una hojeada rápida, a identificar los primeros conceptos con los que ya había tenido contacto durante el grado. La mayoría me resultaban familiares... Al igual que sus autores. Por ello, decidí leerlo en profundidad a la mañana siguiente. Probablemente, si no hubiese conectado anteriormente con ellos, me habría ido a dormir más tarde.
Aquel lunes por la mañana, cuando abrí de nuevo el documento, pensé en que existía la posibilidad de que no me diese tiempo a finalizar la lectura de cara a la sesión de la tarde. Noté que estar, en cierto sentido, condicionada por la hora, no me estaba favoreciendo en la reciente relación que había iniciado.
Decidí tomármelo con calma y hacer una lectura rápida. Señalé con un lápiz aquellos párrafos sobre los que experimentaba mayores dificultades en comprensión... Aquellos que no había logrado conectar conmigo misma. Esto último me hacía sentir agobiada.

En unas horas, creí que no me iba a alcanzar el tiempo, que no iba a poder completar la lectura, así que lo único que podía tener seguro es que este sería el segundo contacto con aquel escrito de muchos otros.
¿Quieres saber que sucedió en la sesión de aquel lunes? Únicamente te diré que cuando Alejandro nos preguntó sobre si nos habíamos leído el texto o no... Nos levantamos cuatro o cinco personas a lo sumo... (Sí, me dio tiempo a leérmelo).
Lo que ocurrió después... Ya te lo iré contando.

Cuando supe que iba a ser docente de esta asignatura, paré a rememorar todo aquello que me pareció significativo. Aquello que relaciono con lo que sé ahora y que por aquel momento pululaba por mi mente de forma difusa.
Era la primera vez, que una asignatura, un profesor nos dejaba crear, generar nuestras propias ideas sin límite alguno, sin pautas predeterminadas.
La magia de cada sesión, para mí, consistía en que no sabía exactamente su finalidad. Lo único que sabía era que todas y cada una de ellas, dejaban un poso en mí.
Cuando finalizaban, escuchaba comentarios de mis compañeros, del tipo: "Es que no nos dice si está bien o mal", "¡Qué desorganización de asignatura!" "Esto... ¿Para qué me sirve?", "No veo su utilidad", "No veo que esté relacionada con el contenido".
Es curioso, porque a día de hoy, este tipo de comentarios siguen presentes en algunas de mis alumnos y alumnas. Ya sea a través de lo que me comentan en el cuestionario o de manera fortuita, durante el desarrollo de las sesiones.
Comentarios que relaciono con esas concepciones implícitas, con un legado del que todavía no llegamos a ser conscientes...
Dejando a un lado este asunto (o no), te contaré cual fue el planteamiento que tuve en consideración a la hora de decidir llevar a cabo esta sesión.
Y es que, hace algo más de un año, tuve la oportunidad de observar como docente a Alejandro en la asignatura "Educational Psychology" que pertenece al grado de Educación Primaria Bilingüe en la UAH.
Fue mi primer contacto con docencia universitaria y una experiencia de la que aún me encuentro recogiendo sus frutos.
En los meses que estuve presente en aquellas sesiones me dí cuenta de que uno de los motivos que podían estar influyendo, en mayor o menor medida, en la forma de dar sentido a la asignatura era precisamente algo que, a veces, nos podría parecer obvio, como es el simple acto de leer.
Observé que algunas cuestiones que iban surgiendo durante el transcurso de las sesiones estaban relacionadas con la forma en la que nuestros alumnos se relacionaban con el propio texto. Y es que, a veces, tenemos ciertas ideas, creencias que se dan por hecho. Asunciones que difícilmente se cuestionan... Y esta era una de ellas.
Tendemos a cuantificar procesos educativos sin considerar realmente su complejidad, sin atender a la importancia de otros aspectos que forman parte de ellos y que van más allá del propio contenido en sí. Puedo decir que en aquellas sesiones y en estas, por ejemplo, que no nos estemos centrando en el contenido del texto, explícitamente, no implica que no lo estemos trabajando.

Teniendo este asunto en mente, relacionando mi experiencia en aquella asignatura del grado, mi experiencia como alumna y algunas ideas que fueron surgiendo en una tutoría... Surgió la idea de lo que trabajamos el pasado lunes en Aprendizaje y Desarrollo de la Personalidad... ¿Cómo leemos?
El miércoles anterior a la sesión, les envié a mis alumnos, a través del aula virtual, el texto con el que trabajamos en esta sesión. Para ello, les invité a relacionarse con el texto antes de la sesión... Ello llevaba implícita la cuestión de que podían leerlo (o no leerlo) en el lugar que eligiesen, en el momento que les apeteciese...
Por otro lado, de cara a la sesión, recogí algunas preguntas que podían ser significativas a la hora de comprender y conocer mejor qué nos ocurre cuando leemos... Y decidí plasmarlas en un par de diapositivas...

Llegó la primera sesión del lunes y una de las primeras preguntas que les hice a mis alumnos estaba relacionada con la lectura que les había sugerido días atrás... Sobre ello, había contemplado varias hipótesis:

- Una primera es que todas se lo hubiesen leído.
- La segunda podría ser, que al igual que sucedió cuando era alumna o en la asignatura del grado, se lo hubiesen leído unas pocas personas.
- La tercera, que aunque lo hubieran leído, no hubiesen conectado con el contenido del texto. O, que por el contrario, sí.

También tuve en consideración que si planteaba la actividad, aquellas personas que se habían tomado la molestia de contactar con el texto antes de la sesión, sintiesen que aquello no les había servido (algo que me confirma algún que otro comentario y que también relaciono con esta cuestión de las concepciones implícitas entre otras...).
Esto era factible que ocurriera si aquellas personas creían que con una única lectura (o con varias en el lugar y momento que eligiesen) iba a serles suficiente. Esta asunción dejaría de la lado la idea de relacionarnos con el texto considerando su lectura en otro tipo de contexto que no nos resultase tan cómodo (o que sí, quién sabe)... Si me estáis leyendo, os invito a pensar sobre ello...

No fue una sesión fácil ni cómoda en ambos grupos.
Atender a los procesos que se activan en nosotros mientras leemos, no es sencillo. Requiere centrar nuestra atención teniendo en cuenta todo aquello que sucede en nuestra mente durante esos instantes. Y claro, los estímulos ambientales y que formarían parte del propio contexto, también podrían haber estado haciendo de las suyas...

En el primer grupo, dado que eran las 16:00 de la tarde, teníamos que atender a cómo estábamos, a qué aspectos podían estar favoreciendo o no, nuestro propio proceso de lectura... Y cómo podrían estar incidiendo (o no).
Durante 30 minutos, y mientras mis alumnas se relacionaban con el texto podía apreciar el modo en el que cada una de ellas estaba atendiendo a la tarea que había sugerido... Mientras leían (o no) me dediqué a observarlas. A observar gestos (algunas expresiones hablaban por sí mismas), a notar tonos de voz, volumen, intensidad... Noté cómo se estaban relacionando con aquel texto, en aquellos instantes.

Si algo me está gustando especialmente de esta experiencia es precisamente esto de notar. Notar, tanto en ellas como en mí, incertidumbre, sigilo, angustia, asunciones, notar cómo se van generando conexiones... Sonrisas, quejas, distracciones, expectación...
Expectación por no saber lo que vendrá... Por conectar esa pauta que conecta al cangrejo con la langosta...
Lector, pude notar que también otra de las cuestiones que afectaban al propio proceso era el tiempo y el espacio... Ruidos, despistes, somnolencia... Llevar a cabo aquello al calor humano y al de la propia calefacción... Podía, para algunas, estar interfiriendo en esa relación con el texto (que podía estar dándose o no...)
Desde luego, podría no ser lo mismo leer en el aula 4 o en el aula 1 del aulario María de Guzmán que en otros sitios o con más tiempo... Supongo que si la relación se hubiese fraguado con más tiempo podrían haberse generado otro tipo de conexiones... Podrían haberse apreciado diferentes matices (o no...).
Tras esos 30 minutos, en grupos aleatorios, discutieron acerca de aquellos aspectos que había facilitado u obstaculizado su proceso de lectura (más allá del tiempo o del espacio). Me pareció curioso cómo lo que les ayudó a algunas personas en ese proceso, les había obstaculizado a otras. También... Cómo, a la hora de dar sentido al texto, unos se apoyaban en elementos más visuales como mapas mentales... Y otros priorizaban en otro tipo de elementos (estructura del texto, complejidad de las palabras...). Un alumno, por ejemplo, señaló que había experimentado dificultades a la hora de leer un texto como aquel, en español... Cuando él estaba acostumbrado a leer en otra lengua.
Diferencias sutiles que, a veces, podrían no ser tan sutiles... Mecanismos internos que entran en juego de forma distinta... Y bueno, qué decir del contexto...

Este texto tuvo sentido en ese momento, para aquel o aquella persona que se dispuso a relacionarse con él... ¿Cuál es la pauta o las pautas que conectan a mis alumnos con un texto? ¿Cómo procesamos información? ¿Qué tenemos en cuenta o qué no? ¿Cómo se trabaja un contenido sin atenderlo de forma explícita?
En aquella sesión hubo conversaciones acerca de esto, entre ellos. Conversaciones sobre nuestro tema en las que algunos notaron diferencias...
Lectora, lector... Fue una clase intensa, sin embargo, creo que mereció la pena. Para mis alumnas puede que también o que ahora no sea el momento y que conecten más tarde... En otro momento de sus vidas... Incluso de un modo diferente... O cabría la posibilidad de que esas conexiones no se llegasen a generar...

Bateson, G. (1979). Mente y naturaleza. Barcelona: Amorrortú.


jueves, 17 de octubre de 2019

Desde el interior

Leonid Afremov - Dreaming rain


"Un biólogo marino puede tomar una caracola y, a través de una cuidadosa escucha, aprender mucho de lo que ocurrió en la vida de su habitante y en la evolución de sus especies.
Todo geólogo sabe que incluso las rocas hablan y cuenta historias que atraviesan espacios de tiempo mucho más amplios que los de la historia registrada, historias que no conoceríamos si la vocalización humana fuera el único discurso que pudiéramos oír". (Palmer, 1998, p. 156)

Buenas tardes, lectora o lector.
Hoy ha amanecido un día frío y lluvioso, de esos días que invitan a reguardarse en algún espacio acogedor. 
Sin embargo, aunque no pueda ver la luz del sol, ni sentir esos rayos propios de este tiempo, para mí, los días como hoy, tienen su encanto.

Lectora o lector, quiero contarte cómo van sucediendo las sesiones con mis alumnas, cómo voy percibiendo nuestro trabajo, cómo me siento, qué significa esto para mí.
El lunes decidí trabajar con ellos de un modo con el que no habíamos contactado hasta ahora. Fue una sesión de reorganización, de esas en las que compartimos experiencias, sensaciones desde nuestros microcosmos. Fue una sesión en la que conversamos, pero no te voy a engañar, también estaba atendiendo a otros aspectos tanto a través del lenguaje verbal como del que no lo es tanto. Atenderme a mí misma, a mis sensaciones y a mis emociones y cuidarlas tanto como al espacio que compartimos en esos momentos.
Las sesiones con ambos grupos fueron puntos de divergencias y convergencias, que hacían que la sesión, una semana más, fuera especial.
Esta vez, invité a mis alumnas y a mis alumnos a reflexionar acompañados de un fondo teórico, que nos sirvió para seguir tejiendo juntos, el sentido de la asignatura.  Lector, no son fáciles este tipo de sesiones. Cuando observaba a mis alumnas me preguntaba si para ellas estaba significando también algo, si ellas estaban conectando consigo mismas, con sus experiencias, con las de sus compañeras... Hipotetizaba a partir de sus palabras, de expresiones, sobre posibles viajes astrales que estaban teniendo lugar en ese momento, al igual que nuestro propio acompañamiento que tenía lugar en ese momento hacia la persona que estuviese aportando.

Lo cierto es que a lo largo de mi trayectoria escolar, apenas he tenido puntos de encuentro con mis compañeras y compañeros en los que conversar sobre el significado o los significados que tenía aquello estábamos trabajando. 
Creo que hasta que no llegué a este máster, no había escuchado a ningún profesor preguntarnos qué significaba para nosotros ser profesores. Curiosamente, esa pregunta, entre otras muchas otras, fue clave en la decisión de seguir aquí, en la universidad.
Cuando era adolescente era un tema sobre el que solía pensar. Fuese cual fuese mi profesión, tenía que tener sentido para mi. Así que, cuando comencé a estudiar pedagogía, esa inquietud estuvo de fondo. Quería ser pedagoga, aunque no supiese en ciertos momentos qué decisiones tomar o cómo iba a afrontarlas.
A lo largo de este tiempo, me he dado cuenta, que de forma implícita, tenía una visión un tanto lineal acerca de lo que significaba ser pedagoga para mí, porque ahora soy consciente de que existen momentos que omití en la construcción mi propia de la identidad. O al menos, yo sí quería omitirlas. 
Quería omitir cuando había veces en las que las cosas no iban como yo quería, que otras, me encontraba inmersa en un mar de dudas, confusa... Y eso que solo acababa de comenzar... 

¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿Hacía dónde voy? Son preguntas que parecen estar más presentes en momentos complejos, en los que nos cuestionamos a nosotros mismos y nuestra labor. Ahora me doy cuenta que la respuesta a esa pregunta es un proceso de encuentro, dinámico, cambiante, en el que se incluyen muchos más elementos de los que tenía en consideración por aquel entonces..., y que sigo y seguiré buscando. 
Estas sesiones están siendo importantes porque no se volverán a repetir, porque lo que allí sucede somos nosotros. Nosotras atendiendo a un tema, trabajándolo. Algunos en mayor en mayor medida que otros, algunos con mayor interés que otros, distintos momentos evolutivos... Diferentes personas en un mismo espacio.

Esto último también me hace pensar en los entresijos que conlleva un proceso así. Lo cierto, es que últimamente ando dándole vueltas a un asunto relacionado con uno de los grupos. Y es que me preocupa su respuesta. Veo que a algunos les cuesta participar, que apenas tengo noticias suyas, que muestran poco interés... Poco a poco voy conociéndoles, y me preocupan de forma especial estos casos, precisamente porque noto ciertas barreras que iremos trabajando en las siguientes sesiones porque, de alguna forma, están relacionadas con las propias concepciones implícitas sobre el proceso de enseñanza y aprendizaje...









lunes, 7 de octubre de 2019

Nuevos comienzos




"Todos tenemos dos mentes: una mente despierta y una mente dormida. Nuestra mente despierta es la que piensa, habla y razona. Pero la mente dormida es más poderosa. Ella ve en lo más profundo de las cosas. Es la parte de nosotros que sueña. Lo que recuerda todo. Nos proporciona intuición. Tu mente despierta no entiende la naturaleza de los nombres. Pero tu mente dormida sí. Ella ya sabe muchas cosas que tu mente despierta ignora".

(Patrick Rothfuss, El nombre del viento)


¡Buenos días, querida lectora o querido lector!
Hoy, después de tres años, retomo este espacio. Estuve pensando en otras opciones, sin embargo, creo que volver aquí en este momento de mi vida es especial.
Especial porque hace una semana comencé a ser profesora en la asignatura Aprendizaje y Desarrollo de la Personalidad en el Máster en Formación del Profesorado y de alguna manera quería rendir tributo a aquel tiempo en el que estuve sentada en sillas como las que puedes ver en la imagen. 

¿Sabes? ¡Ni por el asomo hubiese pensado por aquel tiempo en que estaría en este preciso momento escribiendo esto! Por entonces, comenzaba los lunes con ganas de "empaparme", de aprender para poder ser una buena orientadora porque ese era mi deseo cuando estaba estudiando el grado en pedagogía.
Recuerdo el empeño que ponía y las ganas de poder adentrarme en ella... Así que, este Máster iba a ser especial... Y lo acabó siendo, pero porque fue más allá de la Orientación Educativa en sí.
Lo único que esperaba era poder seguir las clases, aprender nuevos conceptos, asentar mis cimientos para poder trabajar algún día en institutos de secundaria... Y así fue. No obstante, sería de una forma totalmente diferente a la que había estado acostumbrada hasta entonces.


Lo cierto es, que en la mayoría de asignaturas trabajábamos distintas líneas relacionadas con la Orientación, con sus orígenes, con sus áreas de intervención... Nada que no hubiese trabajado antes en mayor o menor medida. Cuadernos o diarios de aprendizaje por aquí y por allá... Lecturas... Unas más llevaderas que otras, unos cuadernos de aprendizaje hechos con más cariño que otros, participaciones diarias...
La cuestión para mi, querida lectora o querido lector, es que en esa mayor parte de asignaturas estaba trabajando como venía haciéndolo en la carrera. No había demasiadas diferencias, más allá de la ratio de alumnas y alumnos en el aula, en asignaturas de especialidad (no sucedía lo mismo con las comunes).
Aunque, a veces suceden cosas que superan y/o desafían fervientemente nuestras expectativas. Que modifican cualquier idea o representación sobre algo. La frase "Cuando crees conocer todas las respuestas, llega el universo y te cambia las preguntas" se hacía realidad... Más que por el universo, porque hubieron dos o tres asignaturas que modificaron la regla sobresalientemente.
Asignaturas en las que se trabajaba lo que y como no se suele trabajar y en las que se expresaba lo que no o como se suele expresar.
Eran diferentes, sentía incertidumbre, incomodidad... Pero también algo de mí, tal vez mi mente dormida, sabía que estaba yendo bien. Lo único que sabía es que quería aprender, y no me importaba si eso suponía desafiar cualquier estructura previa o cualquier emoción que me desestabilizase.
Así que la mejor opción que veía ante eso era dejarme llevar y trabajar. Viajar hasta el centro de mí misma hasta cuando no sabía qué narices estaba sucediendo.


Pensar, escribir, contactar con mi propia experiencia y con mis emociones, escribir, hacer tachones, participar, intercambiar perspectivas... Era el día a día. Y aunque no sabía qué carajo estaba haciendo, me gustaba.
Lo que pasó después, te lo contaré más adelante. Solo puedo decirte que me cambió la vida y muchas de las creencias que tenía sobre ella.
El lunes pasado comencé mi docencia este curso. Me sentía nerviosa y a su vez, ilusionada. Volvía a una asignatura especial para mi, y esta vez siendo profesora.
Durante este verano tuve sueños sobre lo que serían esas clases. En ellos, estaban mis alumnas y mis alumnos, estaba el espacio en el que solemos encontrarnos ahora cada lunes y estaba yo con mis emociones, con mis miedos. Miedos que forman parte de esto de ser profesora, y que también me hablan desde lo más profundo.
Para mi sorpresa, el lunes pasado, sí, sentí miedo, nervios, incertidumbre... Estuvieron ahí junto a mi ilusión, junto a mis ganas de conocer a mis alumnos y alumnas y de comenzar a trabajar en este encuentro tan especial cada semana.

Soy docente en dos grupos: A primera hora Lengua e Inglés y a última Orientación y Artes.
Pude comenzar a notar en las tres horas que estuve con ellas y con ellos. Notar sus expresiones de sorpresa al inicio, en el primer grupo; y cierto cansancio en el segundo grupo. Nos conocimos todas con todos (algo que eché de menos cuando fui alumna, ya que no pude conocer a muchos y a muchas de mis compañeros de otras especialidades...) y tuvimos la oportunidad de hacerlo, pese a que el espacio no nos permite demasiada movilidad.
Comencé a notar cómo se comenzaron a gestionar los primeros grupos (dejé que ellos y ellas se organizasen) y la incertidumbre de que no te den pautas predeterminadas. La pregunta estrella fue, ¿Cómo nos vas a evaluar? seguida de, ¡Tendremos que saberlo!.


Lectora, ¿Sabes cuál fue mi respuesta? Déjate llevar y llévate. Llevémonos.
Me gustó el primer encuentro y hubo momentos en los que sigo pensando. Desde aquí, si alguna o alguno me lee, agradezco vuestra participación, y que tuvieseis la confianza de compartir vuestras experiencias.


Hoy seguiremos con nuestra propia artesanía, trabajando con nuestras mentes dormidas y despiertas.