El estanque de los nenúfares - Claude Monet
Buenos días, lectora o lector,
Otra semana más estoy por aquí, deseando contarte mis impresiones sobre el desarrollo de nuestra asignatura.
Esta semana hemos tenido una sesión que para mí supuso un hito como alumna y que quería compartir con las que ahora son mis alumnas. En su día, recuerdo que no fue una actividad sencilla, ya que tuvimos en poco tiempo que decidir asuntos como qué enseñar (algo que supiésemos, algo que supiésemos de nuestra especialidad y algo desconocido), cómo, para qué, a quiénes... En esta tarea estábamos acompañados por uno de los subgrupos de artes.
Recuerdo compartir alguna que otra impresión... En general, nos sentíamos perdidos, confusos... El tiempo y el espacio podrían haber sido un obstáculo en cuanto a improvisación... Nos mirábamos desorientados (y eso que éramos de orientación...).
Llegamos a un acuerdo socorrido en relación a los temas que íbamos a enseñar. Primero, haríamos una actividad con papiroflexia, luego, trataríamos con nuestros alumnos/profes de artes temas relacionados con atención a la diversidad y para finalizar... Bueno... Para finalizar, ya veríamos...
Durante el transcurso de la actividad, no sabía muy bien porqué, pero no me estaba sintiendo cómoda. No sabía si era por los temas o por el modo de plantearlos... Lo que sí sabía es que había algo que resonaba en mí, que me generaba ideas contrapuestas desde ambas perspectivas (como alumna y como docente).
Esto se hizo más evidente cuando llegamos a la tercera actividad: enseña algo que no sabes... ¿Cómo carajo se enseñaba algo que no sabíamos? ¿Cómo lo hacíamos si estábamos en la misma posición que nuestros alumnos? Teníamos varias opciones: inventarnos un tema y fingir que lo sabíamos, ver vídeos en internet o buscar información sobre algo y replicar lo que se hacía en esos vídeos o memorizar esa información, lo que significaba que también teníamos que fingir teniendo de base un vídeo o un texto, otra opción era rebuscar en nuestra memoria algo que no supiésemos e inventárnoslo.
Cuando las estábamos discutiendo sentía cierta indignación, frustración... Es que, ¿Acaso podíamos enseñar algo que no supiésemos? En ese momento, se me pasó por la cabeza sugerirles a mis compañeras la idea de proponer algo que nos gustase a todos (incluidos mis compañeros del grupo de artes) y buscar información o algún tipo de recurso con el que poder aprender todos juntos.
La sugerencia no convenció, y terminamos inventándonos unas reglas de cricket ficticias.
Salí ofuscada porque no noté demasiadas diferencias entre la forma de tratar esos contenidos y encima, para colmo, había tenido que ceder ante la idea de inventarnos algo que no sabíamos solo por el hecho de aparentar que sabíamos.
Después de esa sesión, seguía dándole vueltas al asunto. No sabía porqué motivo, pero si había algo que diferenciaba a esas clases del resto era que dejaban huella en mí. De alguna manera, sabía que estaba moviendo algo en mi mente, complejo de describir con palabras.
El otro día, volví a trabajar esta sesión con mis alumnas. Y esta vez, de un modo diferente, puesto que serían ellas las que tomarían decisiones, las que harían y desharían en tres situaciones aparentemente distintas.
En este sentido, tuvieron disponibles materiales, espacios más allá del propio aula... Quería que se sintiesen libres para crear y que pudiesen tener contacto con personas cercanas o afines, que experimentasen sintiéndose cómodas. En algunos casos podría haber sido así o tal vez no... Al menos, tenía la hipótesis de que eso podía ayudar a realizar la actividad de otra manera.
Han pasado cuatro días desde la sesión y sigo dándole vueltas a lo que sucedió en ambos grupos, tanto en las diferencias que noté como en las semejanzas, que curiosamente, estas últimas fueron mayores. Actividades que aparentemente versaban sobre temas distintos al final no lo eran tanto en cuanto a forma y fue muy llamativo para mí.
Me preguntaba si serían conscientes de ello... Si notaban entre las tres situaciones... Veremos el lunes cómo fue.
Ahora me siento preocupada por asuntos que están de fondo y que podrían estar incidiendo en el sentido que mis alumnas le están dando a la asignatura.
Llevar a cabo este tipo de sesiones no es sencillo, sobre todo, por lo que esto implica. Dependiendo de la actitud, de la disposición que tengamos en esos momentos, el desarrollo de las mismas va a ser distinto.
Son sesiones que generan incomodidad, incertidumbre, inseguridad... Porque dependen de cada uno, porque no hay unas reglas establecidas, porque ellas son las que han de conducir sin gps. Y es difícil, sobre todo, por las tradiciones que están implícitas en nosotras mismas. Tradiciones que sin darnos cuenta, están ahí.
El miércoles, después de enviar la sesión del pasado lunes, comencé a recibir comentarios, y me llamó la atención que estos no fueron tanto en relación a la sesión del lunes, sino en cuanto al desarrollo de la propia asignatura.
Al leerlos, pude identificar varios asuntos de fondo: el primero, la percepción que están teniendo mis alumnas sobre el trabajo que conlleva la asignatura.
Ahí fui consciente de mi propia responsabilidad. De que estaban comprendiendo algo totalmente diferente a lo que pretendía. Desde el inicio de Aprendizaje y Desarrollo de la Personalidad, les propuse participar en espacios en los que compartir nuestras impresiones, sobre los que aportar ideas que fuesen al hilo de la asignatura. Espacios en los que dar sentido a lo que vamos haciendo en las sesiones... Espacios propuestos, recomendados, no obligados, no impuestos.
Para mí, escribir sin un motivo, es lo mismo que no hacerlo. O dicho de otro modo, escribir únicamente porque otros te dicen que tengas que hacerlo, por obligación, pierde la esencia en nuestro propio proceso.
Yo escribo esto, en este espacio, porque realmente me importa lo que estoy haciendo, hay algo que me mueve, que me lleva a estar aquí. Algo como es mi propia práctica, reflexionar sobre ella, y hacer partícipe a otras personas.
Si escribiese por escribir, no lo estaría haciendo de forma honesta y esto es algo que se nota. Al igual que notaba cómo algunos de mis alumnos estaban escribiendo por escribir, por rellenar espacios, por ser vistos.
En este punto, es en el que se hace visible nuestras propias concepciones implícitas acerca de los procesos de enseñanza y aprendizaje y que me hace conectar con las ideas que refleja en su libro Parker Palmer (1998) sobre profesores, alumnos y el legado que tenemos en nuestra manos:
"(...) Un maestro que hace poco más que transmitir conclusiones a sus alumnos. Supone que aquel tiene todo el conocimiento y estos, poco o ninguno; que el docente ha de dar y los estudiantes recibir; que el educador establece todos los criterios y los educandos han de estar a la altura: ambos, maestro y alumnos, reunidos en la misma aula, al mismo tiempo, no para experimentar la comunidad, sino simplemente para que el maestro repita lo mismo una y otra vez" (Versión Kindle)
En uno de los comentarios que recibí, una alumna o alumno, me invitaba a que les enseñase, a que les hablase sobre "cosas útiles" para su formación docente. Destaco esta frase:
"(...) preferimos una clase con materia, que nos descubra cosas nuevas, conceptos, aplicación de conceptos..."
Mi alumna considera que la asignatura no tiene "chicha", y me pregunto qué le lleva a pensarlo. Para mi se hizo visible ese legado, ese paradigma que llevamos dentro. Y esto no sólo sucede aquí... El otro día, en una sesión de doctorado, Alejandro decía que todos llevamos un positivista dentro... Y conecté, primero con mi propia investigación y después, cuando leí estos comentarios, conecté conmigo como profesora y con mis alumnas.
Esto no quiere decir que sea algo malo, ni bueno... Simplemente es algo que forma parte de nosotras, como herederas de un legado que está presente en nuestras vidas. En cualquier ámbito que se precie, en nuestro sistema de creencias.
Mis alumnas quieren transmisión de conceptos, teoría y práctica, trucos, estrategias que les sean "útiles" para su práctica educativa. Quieren que les explique, que les cuente, que hable de esas teorías como si no tuviésemos materiales, como si no tuviésemos lecturas en las que profundizar. Y es que, lectora, esto sería infinitamente más sencillo, requeriría mucho menos tiempo en ellas y en mí... Concebir nuestro proceso de enseñanza-aprendizaje en términos cuantitativos, en dar y que ellas simplemente sean meras espectadoras esperando recibir palabras, conceptos... Como si fueran tábulas rasas en las que depositar ciertos contenidos a los que todas tenemos acceso, como si fuesen todas iguales.
¿Cuál sería nuestro papel entonces como docentes? ¿Qué sentido tiene que nos encontremos un día a la semana? La respuesta variará dependiendo de la concepción que una tenga sobre su propio proceso.
Y claro, si considero procesos en términos cuantitativos, ¿Qué sentido tiene hacer? ¿Qué sentido tiene reflexionar? Si lo que hago es opcional, si puedo hacerlo o no hacerlo, no lo hago. No se me premia, no se me refuerza. Lo que puede significar varias cosas que podrían están relacionadas precisamente con lo que nos une en esta asignatura, ¿Por qué hago lo que hago? ¿Para qué hago lo que hago? ¿Qué aspectos tengo en cuenta en mi propio proceso de aprendizaje? Si lo hago porque se me exige una calificación para obtener un título que me permita ser docente, el sentido de lo que estamos haciendo es diferente...
Y, cuando llegue a serlo, ¿Qué haré? ¿Cómo trabajaré con mis alumnos? ¿Para qué? ¿Por qué?. Si aprender es recibir información y aplicarla, estamos atendiendo únicamente a una pequeña parcela del propio proceso. Estamos obviando cuestiones que van a influir en nuestro desarrollo como docentes y en el de nuestros alumnos.
Que no valore las aportaciones de mis alumnos en términos cuantitativos (cuantas más aportaciones más puntos) no implica que no lo tenga en cuenta en su proceso, pero no en términos de cantidad sino en calidad, en honestidad, compromiso, conciencia...
Seguiré escribiendo sobre ello. Es un camino lento, complejo, a la par que bello.



