Este dato puede que no sea relevante a priori, pero tengo la costumbre la mayoría de ocasiones de investigar acerca de las lecturas que me recomiendan ahondando sobre el autor/a o autores/as y sus historias vitales o más en aplicación a la temática que nos concierne, a su trayectoria.
Todo esto sucedió después de haber hecho en clase junto a mis compañeros una actividad que me dio bastante qué pensar, ya que consistía en añadir un título de forma específica a cada una de los tres folios que nos repartió el profesor.
Fue gracioso porque echamos un vistazo a cada folio, leímos las palabras que lo conformaban y nos miramos los unos a los otros bastante perdidos, sin saber qué hacer o mejor dicho, cómo titularlo.
Tomamos la decisión de titularlos y posteriormente ordenarlos en una especie de secuencia temporal.
A cada uno le pusimos nombres distintos, y el primero de ellos fue "El yo robot".
Llegamos a un acuerdo en cuanto a la temática que contenía este folio, puesto que asociamos las teorías psicológicas que surgieron en la primera mitad del siglo XX con el, en las que predominaba la objetividad y el intento de hacer una disciplina que pudiese determinar o establecer patrones de medida a la hora de estudiar los procesos que ocurren en la mente de una persona.
Después en relación a la secuencia temporal, titulamos la segunda hoja "El individuo como protagonista de su desarrollo y toma de decisiones". Creímos que el contenido de este folio era algo más amplio que el habíamos visto anteriormente, ya que añadía conceptos en los que contemplaba a la persona desde una esfera más compleja en la que era protagonista de sus decisiones.
Señalamos dos palabras que nos parecieron significativas: autoconcepto y autoeficacia.
Por último, en esta cronología decidimos que el nombre del tercer folio sería "Individuo en interacción con la sociedad".
¿Por qué? Porque ya se estaban mostrando conceptos mucho más complejos vinculados a de la persona (identidad, biografía, estrategias del curso vital, autoconstrucción, adaptabilidad...) confluyentes con otros sistemas, en este caso el mercado laboral (creación de empleo, competencia cultural, flexibilidad, disposición...).
Todos los miembros de la clase llegamos casi a las mismas conclusiones, por lo que fue curioso comprobar que una parte de nosotros, de manera implícita reconocía los momentos a los que se referían cada una de las hojas aunque todavía estuviese por llegar la lectura.
De forma personal, esta última hoja la relacioné con mi trayectoria y con la situación laboral actual, en la que muchos tenemos que crear nuevas estrategias y adaptarnos ante la precariedad aunque ello implique desempeñar trabajos que nada correspondan a nuestros intereses, expectativas laborales o formación.
Una vez dicho esto, comenzaré por nombrar algunos de los aspectos más significativos del texto "Paradigmas en la Orientación Profesional" y que conecta con lo expuesto anteriormente.
Tengo que decir, que antes de leerlo no tenia un especial conocimiento sobre el tema y esto hizo que me sintiese perdida por lo que decidí buscar más información sobre la orientación profesional y vincularla.
Esto me llevó a establecer varios puntos:
1. La Orientación Profesional es una disciplina compuesta por paradigmas que han ido conformándose a lo largo del tiempo en función del conocimiento y del contexto histórico.
En palabras de González (2003) "La Orientación Profesional tiene una historia, ha sido producto de esa historia, ha ido modificando su concepto y funciones a lo largo de esa historia y no puede ser comprendida sin esa historia" (p.21).
Tras una primera lectura del texto, esa fue una de las ideas principales que obtuve y este autor me ayudó mucho a complementarla y a situarla como algo ineludible.
Otra de las citas que me gustaría compartir es la siguiente:
"La Orientación Profesional ha recorrido un largo camino que la ha llevado, desde un asesoramiento prescriptivo y directivo, hasta entender que el individuo es un sujeto activo de su propio proceso orientador (...) El protagonismo del sujeto debe recaer en el sujeto orientado, como persona que es capaz de hacer una autorreflexión, de autoconocerse, de autoorientarse. El resto de agentes (orientador, profesor, padres, etc) facilitarán los elementos de reflexión para que este dirija el proceso madurativo y de toma de decisiones (...) Se trata de ayudar al sujeto a que planifique sus propias actividades y estrategias de aprendizaje que le hagan ser autónomo en todas sus manifestaciones y capaz de planificar su desarrollo vocacional". (González, 2003, p.23)
Esta frase viene a desglosar la temporalidad que ha experimentado la Orientación Profesional como disciplina, enmarcada en cada época de forma contextual, acorde al momento histórico que estaba experimentando y por ende, a las necesidades que se hacían visibles en aquel momento.
De ahí que surgieran paradigmas como la orientación vocacional, el desarrollo de la carrera y el diseño de vida.
Conviene por tanto situar la orientación vocacional en un contexto sociolaboral emergente, con una Revolución Industrial reciente que dio a conocer otro forma de entender la vida, y la concepción que hasta entonces se tenía sobre el trabajo.
La ciencia comenzaba a surgir y con ello con los paradigmas, entre los cuales el empírico tenía una influencia acuciante.
Todo
se podía medir, y este principio en el estudio de las personas también ejercía
una notable influencia tanto que el grado de capacidad, habilidad y destreza en
los seres humanos se podía evaluar mediante pruebas estandarizadas o
cuestionarios. La Orientación vocacional surgió con Parsons a principios del
siglo pasado ante la necesidad de posicionar a los trabajadores en puestos
semejantes a sus capacidades utilizando métodos científicos objetivos, siendo uno de los primeros hitos en la Orientación Profesional.
Un tiempo después, la sociedad se vio influida por la II Guerra Mundial, y con ello el empleo sufrió varios cambios. Las organizaciones contemplaban nuevas necesidades y requerían de personal especializado que desempeñase sus funciones acorde a la jerarquía empresarial.
Las personas debían tener consciencia de sus propios roles, y para ello un autoconocimiento de sí mismas era crucial. Desde esta perspectiva emergieron nuevas demandas y la orientación tenía que afrontarlas. De aquí surgió el desarrollo de la carrera y tal como decía González en la cita anterior "(...) El individuo es un sujeto activo de su propio proceso orientador(...)". La Orientación Profesional tuvo que reinventarse y añadir una nueva perspectiva en la que el orientador hiciese partícipe a la persona de su propio desarrollo, adecuando su rol al mundo del trabajo a través del autoconcepto, autoestima y autoeficacia que Super a mitad de siglo, dio a conocer.
El desarrollo de la carrera necesitaba a la persona como motor de su propio cambio y el orientador se encargaba de evaluarla, orientarla y ayudarla en su desarrollo.
Mencionado el desarrollo para la carrera, es preciso decir que los cambios siguieron efectuándose, el momento histórico vivenció su propia transición y es entonces cuando comenzaron a darse las circunstancias que actualmente nos ocupan.
Como el autor del texto comenta, probablemente los cambios actuales se gestaron a partir de la "Crisis del petróleo" desde entonces muchas de las esferas que hasta entonces habían funcionado de una manera se vieron obligadas a transformarse.
Los hechos tornaban diferentes y de nuevo era acuciante dar un gran paso más en la Orientación Profesional.
Si dibujamos una línea temporal, primero fue el individuo el que mediante rasgos y factores desempeñaba algún tipo de trabajo en la organización en la que estuviese (pasivo). Después, este mismo a través de la necesidad de consolidar su carrera profesional tuvo que autoconocerse e indagar acerca de sí mismo con fines de satisfacción y autorrealización.
Lo que viene después de este momento, sin embargo, es más complejo. Las organizaciones ya no son un lugar seguro, los puestos de trabajo se caracterizan por ser efímeros, inestables, precarios y es aquí donde surge el requisito de centrar la trayectoria en la persona, en el individuo, sujeto o como queramos llamarnos, como ser reflexivo capaz de considerar su trayectoria, su autobiografía desde un plano pasado, presente y futuro. Una autobiografía en la que la sociedad está en relación con la persona jugando una amplia variedad de roles que dan lugar a múltiples identidades.
Esto es tratado por el llamado "Diseño de vida" paradigma que surge para dar respuesta a un "caos" producido en una sociedad "líquida" como dice Bauman (2002) en su texto.
De el hablaré en otra entrada, pero aún así me gustaría tomar una cita que me pareció ilustrativa:
"De acuerdo con los últimos cálculos, un joven estadounidense con un relativo nivel de educación puede esperar cambiar de empleo al menos once veces en el transcurso de su vida laboral - y el ritmo y la frecuencia de cambio seguramente habrán aumentado antes de que la vida laboral de la presente generación concluya. (Bauman, 2002, p. 157)
Si suceden estos acontecimientos habrá que crear nuevas estrategias para afrontarlos y desde este paradigma se utilizan varias, desde una perspectiva constructivista.
Para ello, la biografía es fundamental, y con ella todos aquellos hitos y momentos críticos en el desarrollo evolutivo, reconstruyendo a modo de reinterpretar momentos, transiciones, hitos, co-construyendo, de cara a la transformación.
Esta idea va más allá de lo que pudiese haber sido tratado en cualquiera de los paradigmas anteriores, pero hay que tener en cuenta que no es la misma época, ni los mismos conocimientos sobre el ser humano, tampoco las mismas generaciones, y así un largo etcétera.
El orientador desde este punto ayuda a la persona en ese proceso reflexivo marcado por la identidad, algo que como Meg Jay dice, "es algo que agrega valor" y confiere a la persona el poder de afrontar circunstancias siendo consciente de la propia toma de decisiones.
Otro elemento que me parece interesante señalar son las "narraciones curativas" (me gusta más como suena en inglés) ya que aquí se encuentra la deconstrucción, elemental para este capital de identidad, del que muchas veces hay que extraer factores o barreras que nos dificultan nuestra trayectoria. Esos miedos que están ahí, cuando se tornan paralizantes.
Con esta reflexión he querido principalmente asentar conexiones y conceptos llegando a las siguientes ideas:
1. La Orientación Profesional, al igual que nosotros como seres humanos, también tiene una evolución, unos hitos y momentos críticos que han de ser tenidos en cuenta. Ha experimentado un proceso.
2. La Orientación Profesional también ha de considerar su pasado, su presente y en consecuencia, su futuro. Está inacabada, y por ende, en constante movimiento.
3. Todo este proceso da a conocer la Identidad o ese rol de identidad que nos hace movernos en diferentes situaciones. Identidad conformada por experiencias, creencias, valores, momentos, intereses,... que sin lugar a dudas nos definen y lo harán también en los entornos en los que nos desenvolvamos.
4. Esto me ha servido de varias maneras: la primera, para conocer mi propia biografía, la segunda, para ser consciente de que este conocimiento personal va a servir para guiar, ayudar a personas. No tendría mucho sentido hacerlo si no lo hubiese experimentado con anterioridad.
La inestabilidad que nos confiere el momento actual necesita que estemos preparados para afrontarlo y es difícil que se de sin esta construcción de la identidad.
Referencias
González, J.P. (2003). Orientación profesional. Alicante: Editorial Club Universitario.



No hay comentarios:
Publicar un comentario